jueves, 3 de junio de 2010

Vio la luz por primera vez, allá por el año 1996. En aquella ocasión irrumpíamos, cada domingo, la casa de su abuela. Era una entrega cada fin de semana, de historias reales arrancadas de las calles. Ofrecíamos soluciones, guías de acción, lugares adonde recurrir. Éramos tres, en ese entonces, que como caminantes mochileros peinábamos las avenidas y las calles, sin carro, moto, solo aquella bicicleta que era mía, solo mía, amarilla por cierto.

En lo personal disfruté muchísimo la experiencia. Me hizo crecer. Conocí lo desconocido. Los malabares de la supervivencia se mostraron ante nosotros sin ambages. Me sentía como los pájaros que van adonde los lleve el viento y pernoctan ahí donde les ofrecen alimento y agua para calmar la sed.

No puedo dejar pasar este momento para decirle a Guido y a Ade que me encantó recorrer las calles con ellos, disfruté las peripecias, amé las diferencias. Sin esos desacuerdos nada hubiera sido igual, no hubiesemos madurado, tampoco crecido espiritual, psicologica y mentalmente, los amo con el corazón y una mano palpable de razón, gracias por acompañarme en este caminar que en ocaciones se hace agonía, soledad, pero también se ha convertido en un alimento y gracia para mi vivir, mi actuar, mi enseñanza y por sobre todas las cosas el sentido y la razón para escribir textos con corazón.